RELATOS

Relato#1: “Las prendas de los amantes”

“Por favor, no vaya a decir nada”, es la típica frase que recibe una trabajadora  de un local de lavado de ropa.

Desde que el llevar a lavar ropa se puso de moda en Manta, la infidelidad se pasea en las afueras de dichos locales.

A la sucursal, de las varias que hay en la ciudad, no sólo  llega la ropa que ha utilizado  toda una  familia durante la semana, pues, también  convergen  las prendas de los amantes.

“Uy, acá vienen de todo, me toca ser una tumba y guardar esos secretos. Cuando me dicen que no diga nada, yo les digo que sólo me dedico a hacer mi trabajo”, cuenta  la  señora que  siempre anda ajetreada moviendo tachos con ropas y que se dio tiempo para aflojar una que otra historia, pero sin nombres, así  como el anonimato  de ella.

Un día  llegó  en un  carro una pareja, de la cual  se bajó  el esposo, a deducir por el anillo de matrimonio. Horas  después, el mencionado señor volvió  con la que posiblemente  sí  era la esposa, pues andaba con  niños.

Entonces  la trabajadora del local escuchó la frase: “si mi esposa viene sola, otro día, no vaya a decir nada”.

Otro caso que le pareció  curioso  fue el de un recién  casado, que había  olvidado  la factura  para  retirar la ropa. La trabajadora del local  le preguntó  por el nombre y apellido  de la persona a quien había  hecho  el documento. “El señor se acordaba del nombre de la esposa, pero no del apellido. Avergonzado, me dijo que si la señora se enteraba  lo mataba por no recordar ese gran detalle y se justificó  diciendo  que recién  se había  casado”, señaló.

Llegar  a dejar la ropa sucia de su amante y luego de unas horas volver a dejar o retirar ropa de su otro hogar, es lo más  común en varones y mujeres.

Manta fue parte de un estudio realizado el año pasado por la Asociación  de Padres Responsables de Ecuador, en la que se detectó  que el 30% de infidelidades se descubren en redes sociales, según diario El Comercio. Sin duda, la infidelidad se da a grandes y pequeñas escalas y se presenta en diversos escenarios.

En este caso, las prendas  del adulterio  tienen su lugar  de destino. Y es que en nuestros tiempos, al parecer, los trapitos  sucios ya no se lavan en casa.

Por: Gabriela Vélez

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