RELATOS

Relato#3: “Sin erotismo el sexo no tiene sabor”

sensualidad-1030x773En la película francesa, No Soy un Hombre Fácil, que trata de un machista que prueba un trago de su propia medicina al despertarse en un mundo dominado por mujeres, en todos los aspectos, incluso el sexual, se puede percibir lo importante que tiene el erotismo en el acto sexual.

En la escena donde ella asume el papel más masculino, explotando el rol salvaje y efusivo del hombre, además del egoísmo y la importancia del reconocimiento, al pedir a la pareja “dime que te gusta”, entre otras frases, que resultarán familiares en pleno acto sexual, la sorpresa en el rostro del hombre no solo refleja su insatisfacción, sino también una reflexión de cuántas veces las mujeres junto a él sintieron lo mismo.

Si hombres y mujeres asumiéramos ese papel y el erotismo lo dejamos a un lado por la rapidez del fuego y del deseo, habrá un momento en que se añorará el ritmo lento del erotismo y la conexión especial que provoca. Aunque hay una adrenalina especial con los “rapidínes” llamados así a los encuentros sexuales inmediatos, que casualmente suceden en lugares públicos o comunes, pero con poco tiempo de duración y no se refiere a la situación precoz de algunos hombres, sino a la emergencia de hacerlo pronto, antes de ser descubiertos o antes de llegar tarde a otro lugar; el tiempo apremia y el erotismo no se lleva a cabo.

Este tiempo dedicado al erotismo lo han dirigido como necesario solo para las mujeres, pero en esta película se puede ver, justamente la necesidad masculina de ese tiempo. No porque las caricias, besos, roces, palabras, sean necesarias para su excitación, como se asume que para las mujeres sí, sino porque la penetración, con conexión tiene otro sabor, algo distinto que lo hace más placentero.

El kamasutra, el tantra y otras técnicas dan importancia al erotismo, incluso mucho más que a la penetración. Por la energía que se comparte, por la unión que se logra y por el placer en sí mismo de cada acción erótica. La sensualidad se exacerba y las pieles se lucen. La pasión que sea ha presentado casi siempre como acciones con fuerza y veloces, es la mala aplicación de la misma. La pasión es lenta, paciente, profunda, aunque el deseo la estimula, no la gobierna. En los rapidínes el deseo es la base y gobierna.

El erotismo, el acto en sí, es como una obra de arte, que requiere contemplación, atención a los detalles, movimiento y explosión de sentidos, delicadeza y suavidad. No hay egoísmo de ninguna de las dos partes, sino la entrega total por experimentar, conocer y sentir.

Cada vez el tiempo se apresura y todo es inmediato, sin embargo, deberíamos recuperar el erotismo y darnos la oportunidad de regalarnos pasión y placer de formas distintas.

Autora: Lourdes Calderón

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